Miles Davis y Bitches Brew en 1969

Miles Davis

Acabo de ver el DVD que salió junto a la edición especial por el cuarenta aniversario de la edición de Bitches Brew, se trata de una presentación registrada el 4 de noviembre de 1969 en Copenhague, junto a Wayne Shorter (saxo), Chick Corea (piano), Dave Holland (bajo) y Jack DeJohnette (batería).

El conjunto realizaba esta gira europea apenas unos meses luego de la histórica grabación del Bitches Brew en agosto de 1969, cuando Miles ya había tomado un rumbo trascendente incorporando elementos y sonidos del rock (por ejemplo con la guitarra eléctrica de John McLaughlin)

Frente al público de la sala Tívoli de Copenhague, el músico se presentó con una ropa llamativa, mezclando colores rosados y azules, y con una trompeta roja y brillante que mostraba en un lado el nombre del genio. El grupo arrancó con “Directions” y 70 minutos después terminó un set ininterrumpido, entregando el alma, sudando copiosamente (ver a DeJohnette aporrear los instrumentos sin descanso es un espectáculo aparte) y con un Miles entrando y saliendo de escena para marcar los momentos de inflexión.

Son 70 minutos de disfrute a pleno, momentos en que la esencia del jazz modal, de la improvisación, del juego entre gigantes como Shorter, Corea y DeJohnette, logran una armonía especial, pero al mismo tiempo disonancias y alturas de sonido espectaculares. El Miles Davis que había marcado un hito con Kind of Blue, con Sketches of Spain y con A Silent Way, moldearía pronto otra vez un nuevo crisol con Bitches Brew, pues recién en 1970 saldría a la calle el álbum doble producido por Teo Macero.

Escucho una y otra vez los tracks de esas sesiones de 1969, incluidas en la edición del cuarenta aniversario, y recuerdo lo que decía Thom Yorke sobre el sonido del disco: “increíblemente denso y terrorífico“, señalando además que había sido Bitches Brew el punto de partida para la manufactura de “OK Computer”, una buena definición, pero solo una de tantas, pues cada escucha entrega nuevas emociones y significados. ¿Qué más se puede pedir de una obra de arte?

Moonchild, un mundo de fantasía en el primer King Crimson

Navegando en el foro de música de Foros Perú vi que habían posteado recién una encuesta de Rolling Stone sobre las mejores bandas de rock progresivo de la historia, entre ellas figuraban Pink Floyd, Yes, Génesis, Tool, y por supuesto King Crimson, ahí mismo me puse a recordar cómo fue que conocí al grupo de Robert Fripp, empezando por el fabuloso In the Court of the Crimson King, de 1969. Recuerdo haber leído cosas de ellos en libros de música publicados en Perú y sobre todo algo que escribió Pedro Cornejo en los años 90s recalcando el aporte fundamental de Crimson en el nacimiento de la escena de rock progresivo.

Esto ocurrió antes del cambio de siglo, en esos años no pude refrenar el deseo de contar con una colección musical variada y abundante y por lo general me gastaba los soles en los huecos de coleccionistas. Luego de leer lo de King Crimson fui en busca del primer album y lo encontré en las galerías Brasil en un CD pirata con la carátula extraordinaria del rostro carmesí aullando de dolor o miedo o qué se yo (luego supe que el autor de ese trabajazo fue Barry Godber, quien se murió nada más publicado el vinilo), no se imaginan la emoción que sentí al tener el plástico en mis manos, fue correr a poner el CD y pasar track por track descubriendo en efecto una música explosiva y a la vez sugerente (algo que en conversas posteriores supe que sintieron tal cual quienes en su momento descubrieron al grupo, entre ellos mi amigo Alfredo Márquez)

Cover ITOKC

Un tema que desde el primer momento me atrapó fue Moonchild, tanto por la música en sí, construida en varios planos y con acordes delicados y minimalistas, como por la letra, una fábula sobre una niña habitante de un mundo sumergido entre árboles y fuentes de agua, buscando un compañero. Recuerdo que esas imágenes calzaron perfectamente con el imaginario que ya tenía de los relatos de Tolkien, en especial El Silmarillion, imaginaba que la niña de Moonchild era una elfa de la primera edad, perdida en un bosque sin tiempo, alumbrada por la luz de los primeros Silmarils, en fin, ideas mías.

No paré hasta tener muchos discos de King Crimson, encontré verdaderas joyas que hasta ahora me acompañan en las noches de trabajo, conocí del talento de Fripp y los suyos, el conocimiento de esa ola progresiva me grangeó la amistad de muchos que compartían el gusto por el género. Todo ganancia.

Hoy por la noche buscando datos encontré un video que pone imágenes a las notas de Moonchild, veo que el mio no es un gusto en solitario, por eso pego el clip acá para el disfrute personal y colectivo. Provecho.

Ernesto Sabato, el genio de Santos Lugares

Ceres en el parque Lezama

Esta noche ha avanzado muy rápido, se supone que tenía que hacer varias cosas: responder mails, escribir un informe, buscar datos. Algo de eso hice, pero una conversación de ayer me puso en la cabeza el nombre de Ernesto Sabato y no pude substraerme a hojear ese hermoso libro de ideas otoñales del maestro: España en los diarios de mi vejez, un libro que compré en Buenos Aires en septiembre del año pasado a 10 pesos o menos, lo fui leyendo mientras tomaba unos cafés con medias lunas en Florida o Corrientes, y luego he abierto de tanto en tanto sus páginas para recoger las ideas y apuntes de Sabato, casi vencido por la edad pero fértil y lozano en la creación.

Ahora pienso en lo mucho que influyó en mí la obra del argentino, El túnel y Sobre héroes y tumbas fueron una revelación, tanto así que lo primero que hice cuando visité Buenos Aires fue ir a Parque Lezama, a buscar la banca a la sombra de la estatua de Ceres e imaginar el encuentro entre Martín y Alejandra, esa mujer preciosa y peligrosa, una musa ardiente, demasiado para el pobre Martín. ¡Cuántas veces imaginé encontrar a una mujer así!

Después conocí poco a poco los ensayos y superé luego de varios intentos la lectura de Abbadon el exterminador, en ese camino siempre sentía que Sabato me decía algo a mi, directamente, ¿Cómo podía entender la confusión, la desazón, el vacío de alma que entonces sentía?

Ahora hojeo las memorias del viejo, lo escucho recitando las primeras líneas de Sobre héroes y tumbas y pienso que el día que se vaya de este mundo lloraré su muerte como la de un padre, que es lo que en cierta forma ha sido para mi.

Una fiebre llamada Leusemia

Desde que llegué a Lima a finales de 1994, me metí de lleno en la movida suburbana que la ciudad de entonces albergaba: música, fanzines, comics, libros autoeditados, exposiciones de arte, películas y sobre todo tocadas de rock en los lugares más inverosimiles. Los que vivieron la génesis y apogeo de la gesta llamada “rock subterraneo” sabrán a que me refiero. Nada de esto fue premeditado, simplemente ocurrió y así de pronto todos los fines de semana iba trasladando mis huesos de un lado a otro a la caza de los conciertos que se daban.

Ya en Cusco en mis años post colegio había escuchado este rock “subte” sin saberlo, probablemente escuché muchos temas en cassettes ajados y casi inaudibles que con complicidad extrema me hacía escuchar un amigo de barrio (recuerdos tan lejanos en el tiempo que ya he olvidado el nombre del amigo). De todos los temas uno daba vueltas y vueltas en mi mente: Oirán tu voz. La canción era parte de un compilado que había perdido toda referencia de autor y título, asi es que yo simplemente la llamaba Oirán tu voz, sin saber quienes perpetraban el acto.

De vuelta a la historia en Lima sucedió que por fin me tocó ver en vivo al grupo que tanto había llenado mis orejas en Cusco, era Leusemia, el combo formado por los hermanos Valdivia (Daniel F y Kimba Vilis), los vi en una tocada organizada por Aprodeh en el Campo de Marte de Jesús María (por entonces yo vivia a media cuadra del recinto) y no solo los vi desde el llano, me tocó grabar en video la performance, fue entonces un momento mágico, algo que viví con mucha emoción.

Para no hacerla larga diré que desde entonces pasé buenos años acompañando a los leusémicos en sus presentaciones, y grabando todo con una camarita miniDV Sony, fueron buenos tiempos, de cierta irresponsabilidad y abandono. Casi todos los fines de semana salia para algún punto de Lima (e incluso fuera de la capital) para escuchar grupos que con más entusiasmo que destreza cogían los instrumentos y se entregaban a la mancha hambienta de pogo y chela barata. Puedo decir con cierto orgullo que fui camarada pleno de esos sedientos bebedores de rock maloliente y pestífero.

Tengo en mis archivos decenas de cintas con tocadas de todo tipo. Escarbando ese material hace un año me puse a jugar en el Adobe Premiere con un concierto de los buenos, uno que mostraba un cartel abundante de grupos que presentaban sus respetos a Leusemia antes de que partieran de gira por Chile, fue el 31 de octubre de 2001 en el local del Sindicato de Trabajadores de El Comercio, Av. Bertello 878 Pueblo Libre. De ese memorable día extraigo el tema “Sed de sed” básico en el cartel del grupo. Disfrútenlo como yo en ese momento.